sábado, 18 de octubre de 2014


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SOPITA A MI MAMI

Día 1-
Mi mami esta en el hospital porque va a tener una bebita.
Yo le quiero hacer algo de comer para que este contenta.
Mi amigo me dijo que cocinar era para niñas.

Día 2-

Hoy hice una sopita de carne y veduras para mi mami.
Me costó mucho trabajo pero la hice con mucho cariño.
Fui al hospital y le di a mi mami.
Mami estaba muy contenta y me dijo que estaba rica.
Le pregunté si la bebita podía comer también.
Me dijo que si, cuando creciera.
Ya quiero que mi hermanita coma mi sopa.

Día 3-
Mi mami salió del hospital con mi hermanita.
Ella se llama Kaori y esta muy bonita.
Quise jugar con Kaori y mi mami no me dejó.
Me dijo que me fuera a mi cuarto.
Me sentí muy triste.

Día 4-
Hoy mi Papi llegó temprano a la casa.
Quise jugar con el pero se fue con Kaori.
Me dijo que me fuera a mi cuarto a jugar.
Me sentí muy triste.

Día 5-
Hoy vinieron mis abuelitos.
Estaba muy contento porque mis abuelitos siempre juegan conmigo.
Fui con mi abuelita para que me leyera un cuento, pero me dijo que me fuera a mi cuarto.
Mi abuelita y mi abuelito y mis papis estuvieron todo el tiempo con Kaori.
Estuviéron apapachando todo el tiempo a Kaori.
Mi mami dijó "Kaori es tan bonita que me dan ganas de comerla"
Y mi papi dijo "tienes razón, es tan bonita que dan ganas de comer a besos".

Día 6-
Hoy hice la sopa de carne y verduras para mis papis.
Pude cortar muy bien las verduras, pero la carne me costó mucho trabajo hacerlo en pedacitos.
Salió mucha sangre y la carne estaba suavecita.
Legaron mis Papis pero estaban gritando mucho.
Kaori! Kaori!
Mis papis estan buscando a Kaori.

¿Viste Kaori? Estas tan bonita que todos te quieren comer.

LAS JOVENES CANIBALES

Esta leyenda urbana fue muy común en algunas ciudades de Alemania al finalizar la Segunda Guerra Mundial. Sabido es que después de Mayo de 1945 y tras más de un lustro de guerra, Alemania había quedado devastada y en lugar de sus bellas ciudades ahora se podían ver espantosas ruinas producto de un régimen criminal que había sometido al país durante más de una década y había provocado la invasión de poderosas potencias. Así las cosas, la población sufría incesantemente la falta de los medios de vida más elementales, amén de tener que vivir en medio de los restos de lo que había sido una gran urbe, en el caso deBerlín. Miles de personas se hallaban sin hogar, sin cobijo y sin comida, y la situación no mejoraría en el futuro inmediato. Es aquí donde hace su aparición nuestro misterioso personaje.
No se trata de una leyenda muy conocida, pero los memoriosos sobrevivientes, que eran niños en aquella época, recuerdan que sus padres o parientes solían amenazarlos para que no se internaran en el peligro de las calles repletas de bombas y construcciones derruidas con la advertencia de que podían toparse con un cazador de niños. El relato remite al ominoso cuco o coco, también llamado el hombre del saco o el hombre de la bolsa, pero en esta oportunidad toma un aura aún más siniestra: dada la falta de alimentos y víveres, en especial proteínas, corría el rumor de que una persona o grupos de personas recorrían la ciudad a la caza de niños incautos a los que capturar y matar, para luego cocinar y vender su carne en las calles a un alto precio. De hecho, los historiadores sí hablan de personas que comerciaban con alimentos de dudosa procedencia, aduciendo que se trataba de carne de caballo o de cerdo, pero en general los compradores se abstenían de hacer preguntas, acuciados por el hambre y la escasez.
Ciertos relatos hablan de la existencia de trampas para niños, construidas en las casas a medio caer producto de los bombardeos y la avanzada de los ejércitos. Los chiquillos se metían en ellas para jugar y de pronto el piso cedía y quedaban atrapados en algún sótano, a merced de cualquier voluntad maligna. Sorprendentemente, la mayoría de los casos en los que se hace referencia al canibalismo en Alemania luego de la Segunda Guerra Mundial, las acusadas de perpetrarlo son en su mayoría mujeres y ancianos, en parte debido a la razón de que un niño entra naturalmente en mayor confianza con una mujer o un viejecito de aspecto apacible. Hasta existe (o existía) un apodo para estas terribles señoras: Fräulein Kannibal, la señorita caníbal. Sin duda que debieron de haber existido exageraciones, pero el rumor acerca de estos asesinatos por hambre y por ambición sonó fuertemente durante al menos los tres años inmediatamente posteriores a la guerra.
Las autoridades de ocupación estadunidenses iniciaron una investigación al respecto luego de recibir varias denuncias, pero no llegaron a obtener ninguna respuesta concluyente. Para no enturbiar las relaciones entre la naciente Alemania occidental y las potencias aliadas, las denuncias se archivaron prontamente, no sin haber dejado un halo de misterio en el derruido Berlín de la segunda posguerra.

TARDE SINIESTRA

Una tarde regresaba a casa de la escuela. El cielo estaba nublado, lleno de nubes oscuras y no tardó prácticamente nada en oscurecer completamente. Desde pequeño había desarrollado un miedo terrible a la oscuridad, ya que por las noches mi madre me contaba repetidas veces la leyenda del perro con botas, un cuento de terror espeluznante que me ponía los pelos de punta.

En fin, pasé frente al parque municipal y se me ocurrió comprar un helado de crema en el kiosco. Don Gilberto, el heladero, me dio un cono de vainilla y proseguí mi camino normalmente.
No obstante, algo llamo poderosamente mi atención. Eran una especie de murmullos provenientes de detrás de los árboles. Temeroso fui hasta donde se escuchaban esos ruidos. Entre los arbustos observé a un hombre inválido que había caído de su silla, antes de que me acercara ayudarlo, vi como un muchacho corrió rápidamente lo ayudó a incorporarse.

El anciano de la silla lo tomó del brazo y exclamó con fuerte voz:

- Estoy muy agradecido, por tan buena acción serás recompensado.

Luego de escuchar eso, me dio coraje, pues pensé que a lo mejor se trataba de un viejo rico que le otorgaría una buena gratificación al joven por sus servicios.

- ¿Por qué no me apuré a auxiliarlo? ¡Con la falta que me hace el dinero!

Ya estaba por retomar mi ruta, cuando el anciano sujetó fuertemente del brazo al muchacho, mientras que con su otra mano le tapó la boca para acallar sus gritos. Quise correr hasta allá, pero las piernas no me respondieron. Era como si estuviera anclado al suelo.

A cuantos de ustedes no les ha pasado que no quieren ver una cosa y sin embargo no pueden apartar la vista de ella. Pues eso precisamente fue lo que me sucedió a mí.

Miré con horror como el anciano mordía el brazo de su víctima extrayéndole hasta la última gota de su sangre. Posteriormente el cuerpo del viejo comenzó a transformarse, quedando convertido en un jovenzuelo.

Instantes después salió caminando de ahí, dejando de lado al chico muerto así como a su silla de ruedas.